No sé por qué nos desviamos a veces de aquellos ideales amados. Nuestros sueños. Sueños que inevitablemente nos conforman dejándonos heridas que a diario nos vulneran. Sí, dejan heridas los sueños. Por lo que quisimos y no pudo ser, por lo que queremos y no será. Por lo que no queríamos que sucediera y sí, sucede.
Y acontece la vida. Magnífica, sublime a veces. Nos trae, nos lleva y como en un juego de azar nos da y nos quita permaneciendo un ineludible olor en la memoria que en mí, se activa sin saber por qué, los días como hoy.
Quizá sea el silencio del parque con su rocío de las seis de la mañana quien, entre pocas bocinas y aire matinal chocolateado, espeso y humeante, despierta mi memoria. Tal vez el murmullo de las gotas impregnando la tierra al atardecer. Imborrable. O el césped recién cortado.
Imágenes y melodías con sueños de colores agitan paisajes de la infancia. Las fotos de la escuela entre juegos y libros, cuadernos y acuarelas, descansan en las aulas. Crecen y cambian. Amigos y principios, pasiones juveniles y poesías, proyectos realizables, esfuerzo inquebrantable, ideas de justicia y canciones de protesta, conductas de rebelde, frenos y pautas sin sentido, sofismas de la vida, caminos sin fronteras...
Se activa mi memoria sin saber por qué los días como hoy. Las uvas en la mesa extrañan la manzana rallada, el jugo de naranja y la ternura, las manos pequeñitas tirando mi pollera, los primeros pasitos. El viejo barrilete doblado en esa caja lo encuentra a caballito sentado sobre mi hombro y cuelgan flaquitas sus menudas piernas y ríe la brisa marina haciendo cosquillas. Jueguitos con palabras recrean las tardes de verano con baldes y castillos de arena rodeados por triciclos, autitos, álbumes de figuritas, bicicletas. Y dan vueltas las ruedas de la vida.
Se activa mi memoria sin saber por qué los días como hoy. Quizá sea el intenso olor a ciudad que tiene Buenos Aires cada mañana oliendo a tristeza sin sonrisas y, constante en la estación “un pequeño pasajero se sube al tren... va dejando poco a poco en el andén su niñez y su razón de ser “.
Por qué nos lleva el tren a uniformes de miseria ninguneando ideales, a verde desesperanza, a interrogatorios, amenazas, torturas, armas y sirenas, a muertes sin sentido, de niños, adolescentes y jóvenes. Por qué huele a rieles de miedo con destino de olvido.
Sí, la memoria en mí se activa sin saber por qué, los días como hoy. Y se activa a veces con olor a especias y a vino y a sol de mediodía de un marzo de otoño, de un julio de invierno, de un octubre con lluvia sensual, de un diciembre. Con olor a su presencia, se activa.
Sí. La memoria en mí se activa los días como hoy. Y se activa hasta con olores que no he sentido. No sé por qué. A leños de hogar, habanos, madera, whisky sin hielo en una cabaña de troncos un día de agosto frío con olor a viento de lluvia en un bosque del sur. Olores que no sentí.
Enciendo un cigarrillo y sigo el recorrido del humo con nostalgia. Los sueños nos conforman rebeldes. No sé por qué activan la memoria, escriben una historia y siempre, animan nuestra vida.
Adela Inés Alonso