La tibieza de las sábanas se burla de Mayo y el timbre del despertador estimula el bostezo que emerge en un aaaaau más redondo y más grande que la circunferencia de su boca abierta. El café y las tostadas, la monotonía del noticiero de la radio, la ducha, el jabón, el champú, y la toalla que no alcanza, marcan ese comienzo del lunes de Tina. El talco se desparrama, la ropa, el espejo, las pocas ganas de hablar, el flequillo indócil, el pronóstico del tiempo, los murmullos en la cocina no cesan, la leche, y ese “apúrense que es tarde” chillón y maternal, el cabello enredado, el espejo, y la misma reflexión callada que va y viene en la cabeza de Tina “¿por qué aunque sea un día no se callan?...”
Llego en 10 minutos... y ojalá llueva para ver las gotas y cómo me gustaría ser lluvia…
La bicicleta , el manubrio, los pedales, los rayos, el asiento, el guardapolvo, las tablitas, el cinturón, el moño, la llovizna, la distancia, los pies, los zapatos, el examen de historia, la profesora, la bolilla cuatro, Napoleón, la historia según el libro de Ibáñez, ¿cómo será según otro? la vereda, el cordón, la calle, la esquina, el club deportivo, la biblioteca, la casa de él, el boulevard, las flores del palo borracho, los jacarandás tan ellos, el rocío, la escarcha, las nubes, el arco iris, la humedad, el kiosco del padre de Juana, los chocolates, los caramelos, la esquina y la curva, las bocinas, los autos, los parabrisas, los truenos, el viento, las hojas de los árboles, el olor a otoño, las gotas, los anteojos, la bincha, el pelo que juega, y el pedaleo continuo, la esquina, y el taller del padre de Elisa, las tuercas, la grasa, el olor a pintura, el soplete, el desorden, la estación de servicio, la nafta, el gasoil, las camionetas salpicadas de barro, los camiones de hacienda, el auto del farmacéutico, el hospital, la ambulancia, la iglesia , los curas, las sotanas, la cruz, el colegio de monjas, las otras chicas, los uniformes grises y las camisas blancas y la corbata verde... la otra esquina, el pedal y la cadena, la hora, el examen de historia, el timbre , la bicicleta, la bandera, el portaequipaje, los libros, las carpetas, la cartuchera, el guarda bicicletas, los pasos apresurados, las corridas, los murmullos, las risas, los gritos, la escuela, “bandera de la Patria, celeste y blanca, símbolo de la unión y de la fuerza con que nuestros padres nos dieron independencia y libertad; guía de la victoria en la guerra, y del trabajo y la cultura en la paz; vínculo sagrado e indisoluble entre las generaciones pasadas, presentes y futuras…” la fila, la preceptora, el aula, la profesora, el silencio, la hoja, historia, la fecha, los libros, el tema, las preguntas, las respuestas, las dudas, las respuestas, los truenos, el tiempo, los minutos, el miedo, la entrega, la seriedad, el escritorio del aula, la libreta de calificaciones, la pila de hojas sobre el costado izquierdo, el timbre , el recreo, los grupos , matemática, el timbre, el profesor, su traje, la camisa impecable, la corbata azul, su sonrisa amplia, su mirada café con determinación. “ Saquen una hoja, evaluaré despeje de x para continuar con factoreo…” La incertidumbre, miradas, “tema 1, tema 2, tema 3, tema 4”, los ejercicios, el lápiz, la goma, los cálculos, más por menos, menos por más, menos por menos, más por más, paréntesis, corchetes llaves... el fin del ejercicio diez , la hora, el timbre, el recreo, las sonrisas, el resultado del ejercicio diez a todos nos da distinto, educación democrática, el timbre, la profesora, su imagen, la ropa perfecta, los zapatos más lustrados de la escuela, su mirada celeste, el collar de perlas, su voz cálida inquisitiva, el silencio, la libreta de calificaciones, la toma de asistencia, la mirada a cada uno confirmando nuestra presencia... Albarracín, Amial, Aristizábal, Bruni, Castelli, Cullen, Dalmás, De Mare, Frers, Guerrero, Hamilton, Imaz, López, Martínez, Mur, Olguín, Páez, Pizzano, Sanz, Torres, Vélez, Zalmein, todos presentes, como sus gestos, sus pasos, la reiteración de su voz... “el hombre es un ser racional, por lo tanto tiene la capacidad de entenderse a sí mismo y comprender al mundo que lo rodea...”
¿Y si no es así? No le creo nada de lo que dice, pero hoy no se lo digo. La ficha, los ojalillos, las flechas, el rojo, el azul, el verde, los cuadros sinópticos, las llaves, la conclusión, las letras, las palabras, las frases, la verdad revelada, ¿o será sólo una suposición tan bien redactada simulando verdad? el timbre, la salida, “alta en el cielo, un águila guerrera, audaz se eleva en vuelo triunfal, azul un ala del color del cielo, azul un ala del color del mar...” la brisa, el sol, la hora, las nubes corriendo hacia el sur, el guarda bicicletas, la bicicleta, el portaequipaje, el pedaleo, los cordones desprendidos, el manubrio, la cadena, la premura, la carrera, el record de tiempo de regreso, el asfalto, el club deportivo, la curva, faltan ciento cincuenta metros, el almuerzo, la mesa, papá, mamá, Betta estará ahí con sus colitas y esa corbata verde y ridícula, Bobby y su delantal de cuadritos, el pan fresco, Auki ladrando, y Mimosa llamando a la cría, la bicicleta, la rueda que da vueltas y vueltas, ¿será como la vida? y ¿para qué habré nacido? ¿Y cómo será no nacer? ¿Será lo mismo que morir? No, ha de ser distinto. ¿Por qué los grandes cierran la puerta cuando hablan? Por qué ese “hace falta un pueblo para educar a un niño” en boca de la directora, y por qué no me dio la respuesta a mi pregunta “¿y qué hace falta para educar a un adulto?” quizá alguna vez pueda contestármelo yo… ¿Por qué me amonestó? Y en casa le darán la razón a ella. Los rayos cruzados, la llanta de goma y los límites, el inflador y el impulso, el pedaleo y las ganas de llegar, el freno... los otros.
FIN