29 de dic. de 2008

SULA- LA CRUZ DEL SUR.

El hijo menor de Sir Robert Jones mira las aguas del río con el pequeño Sujit . Quién sabe porqué ha nacido esa amistad contemplativa que a diario crece mientras caminan bajo la indiferencia de un sol que hiere, sin brisa y en medio de una confusa multitud que apaga sin darse cuenta la tarde. Y deviene la noche. Sin viento que mueva el cielo. Quizá sea por eso que el olor resulte tan penetrante. Intenso a carne asada al que el pequeño Bob aún no se acostumbra. Y las llamaradas contrastando con la luna llena y el mutismo sepulcral, después de tanto tumulto diurno. Se han sentado en los ghats para intentar contar las estrellas y denso, emerge como viniendo del río un susurro difuso y se esfuma. Sujit señala las primeras estrellas con su brazo derecho y agita la mano mirando hacia el cielo. Hacia el sur. Emerge otra vez quién sabe de dónde un susurro impreciso y miran al río y no hay nada. El turno de Bob a la izquierda y el índice al norte y cuentan. Y ríen. Y Bob y Sujit agitan los brazos.
No han visto a las cobras en yunta.
Fin
Adela Inés Alonso

http://www.youtube.com/watch?v=f9CILV-QAg0&feature=related

27 de dic. de 2008

AMRITSAR

Janak Singh habla con Sunita Kaur. El fin reciente de la Gran guerra incita a la reflexión sobre la humanidad, el amor, y los cambios que han de llegar. Agobia el calor de abril y pronto llegará el monzón con sus tormentas cortas y violentas que harán estragos, como siempre.
Allá se dirigen. Hay solo un estrecho callejón de acceso al Jallianwala Bagh. Caminan pausados junto a otros peregrinos con sus kirpans y ese pelo largo sin cortar que los distingue, recogido con el pequeño peine de madera. Sons sijs oponiéndose desde siempre al sistema de castas, anhelando un mundo mejor, equitativo, de unión, reuniéndose para celebrar ahí, el nuevo año solar. El Baisakhi.
Pero el general británico Dyer considera que es una conspiración sediciosa y ordena a sus hombres abrir fuego sin previo aviso. Como si se tratara de una cacería. Sunita es la primera en morir y junto a Janak caen más de tres cientos cuerpos sin vida. El pozo detrás de la muralla, cómplice de los británicos, absorbió otros sijs gritando, intentando escapar de las balas y muriendo ahogados. Lacera el calor que huele a exterminio sin sentido, a injusticia como siempre y a masacre en Amritsar.
Adela Inés Alonso

FESTIVIDAD DE LUCES

Chandrika nació en Ahmadabad a metros del Sabarmati. Creció sabiendo que valía menos que su hermano Naresh. Por ser mujer. El río se seca en octubre y los ingleses han decidido eternizar el dominio. No cree en el Satyagraha.
Comenzará el Diwali, y limpia más que nunca su casa para el Lakshmi Puja. La diosa Lakshmi visitará primero la casa más pulcra.
Todos duermen. Junto al río por el camino de la luna la espera John Taylor y la oscuridad abrasa la luz del amor, aunque se casará con Pankaj a quien no conoce.
No han percibido que Darmesh los mira, que se va y vuelve con Ish. En gujarati , Darmesh le grita y aterrada se cubre mientras Darmesh le ordena a Ish que deje ir a John. Ríen. La desnudan a tirones, en el suelo ambos la poseen sin descanso.
Chandrika regresa, todos duermen. Mañana como siempre, Ish y Darmesh vendrán a buscar a Naresh.
El día se apaga lento, nadie sabe de sus pechos mordidos. Ni que volverán por más a cambio del silencio. Cuando quieran. Un haz de luz cae del cielo y encubre la verdad de la ignorancia en templos de colores. Tiempo de Diwali.

Fin

Adela Inés Alonso

23 de dic. de 2008

REINALDO Y LA TECNOLOGIA


Reinaldo mi marido. Ingeniero electrónico dedicado a su vocación. Detective.
Mamá llegó el 19 de junio, yo justo salía. Se quedó con Reinaldo. Cuando regresé, extasiados en mi computadora, miraban los paisajes de Turquía, iríamos pronto.
El 21 debía preparar una demanda. Al iniciar la computadora, siempre hago un chequeo. Virus no encuentro pero sí un programa instalado el 19 a las 19.14. Un keylogger. Por google supe que era un software que registra todo lo que se escribe y lo graba en un fichero. Discutí muchísimo con Reinaldo y me prometió que no volvería a hacerlo. Intenté comprenderlo. No tenía trabajo últimamente.
Partió hacia Montevideo unos días, por un caso. Yo, escribía mi novela, la Michi jugaba debajo del escritorio, algo tocó y la computadora se apagó. Era la zapatilla. Desempolvando la CPU observé la conexión del teclado al cpu, lila, pero, cosa extraña, antecedida por un dispositivo negro. Llamé a Roxon explicándole lo que había encontrado una amiga en su CPU. "La están investigando con un keylogger hardware, indetectable, el dispositivo graba todo en su memoria". Inmediatamente lo saqué.
Reinaldo llegó de Uruguay y fue directamente al CPU. Exasperadamente buscó.
-¿Es esto lo que no encontrás?




Fin
Adela Inés Alonso

PREAMBULO DE LA CONSTITUCION DE LA REALIDAD

Nos, los gobernantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en nuestros respectivos despachos por nuestra propia voluntad y elección,en cumplimiento de nuestros nocturnales pactos, con el objeto de constituir negocios rentables aún en detrimento de quien sea, afianzar la propia estabilidad económica protegiéndonos contra viento y marea, proveer a la custodia de nuestros indiscutibles intereses supremos, promover el propio y superior bienestar obrando en nuestro exclusivo beneficio,y asegurar por cualquier medio los beneficios de pertenecer,  para nosotros, para nuestra descendencia toda, amantes queridos y queridas que quieran continuar, mejorar, incrementar las pertenencias todas, invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia, decidimos, concretamos, e implantamos , esta constitución exclusiva, para todos los miembros del gobierno sin distinción alguna de partido, y a efectos de sostener y mantener incólume las causa que nos mantiene unidos.
Somos quienes somos, y aquí estaremos siempre.


12/12/2008

Adela Inés Alonso

ARRIBA MOROCHA!

-¿Marga por qué la celebración?
-Diputados aprobó la ley de blanqueo!!!
-¿Y?
-Y me imagino que ahora que el blanqueo se hará por ley, las ventas de lavandina van a incrementar y Lavenmore no irá a la quiebra.
-Pero qué tiene que ver?
-Sos o te hacés? ¿No sabés que la ley es para blanquear toda la ropa sucia? Toda. Me dijo la Mariela que hasta la de la presidenta, y la de todos sus amigos!! Que de ése modo no la van a señalar más con el dedo. Ya no dirán que es sucia. Para mí es relimpita, por afuera claro, andá a saber como tiene las colaless, porque debe usar colaless. Ella quiere limpieza, no sólo para ella, quiere que los trapos de todo el mundo queden blanquitos como el algodón. Además ya empezaron con la propaganda que va a ser muchísima. Date cuenta, cómo se cambia el destino acá de una empresa. Yo no creo que en otro país, se saque una ley para que la gente lave lo sucio. Eso es porque tenemos presidenta mujer, se ocupa de la ropa. Y de que esté limpia. Un ejemplo la morocha!

Adela Inés Alonso

22 de dic. de 2008

IMAGEN VIRTUAL

Perturba la forma del cuadro y la letra del texto confunde la imagen. La firma olvidada evoca sus trazos seguros que asombran. Las líneas, las curvas, los puntos. Sus manos ajadas revelan la siembra inmutable. Estéril. Estoica la pluma, tan seca y deforme, agranda las manchas de tinta caídas al piso impecable. Lustrado, pulido.Misterio y quietud de matices que huelen a invierno alteran la luz de la tarde. La tarde de octubre que cae en suspenso y quiebra los ecos de esta melodía. Que trepa y aturde, florece y marchita, conmueve y aplaca. La ropa tendida en la silla ostenta su ausencia presente, su ausencia que amplía en colores los rayos visibles del sol apagado, la luna sin rostro que mira y sonríe y estrellas opacas brillando hacia el sur. Su ausencia que sabe a un oculto pastel de cerezas, ansiado y distante, sin plato, sin mesa, sin velas.
La carta de Andrea, sin luz. Su letra, la forma, sus trazos enormes seguros gigantes, el cuerpo palpable de Esteban deforme con grietas fisuras, su ropa tendida, la almohada sin funda y la duda tan cierta, asombran. Tan blanca la noche, tan claro el ocaso, tan fértil la vida.

Adela Inés Alonso

Y NIEGA LA LUPA

Me preguntaste, por eso te lo dije. Y me preguntaste sin querer saber. A Juan le preguntaste, a Hugo, a Miriam, a Tony. ¿Y qué esperabas vos que te dijeran?Que no era. Que no estaba. Que era un disfraz. Que era un doble. Que se le parecía nada más. Y eso has visto vos, con tu lupa. Que no era, que no estaba, que era un disfraz, que era un doble que se le parecía nada más. Las fotos de España una mentira. Las cartas a Marta una ficción, no escribe. Sus hijos un mito, no quiere a los niños. Su casa una farsa, su jardín con flores, si a él no le gustan.
Adriana querida, ¿qué lupa es la que usas? No quitas el ojo de tantos detalles, pinturas de fama, textos de mil años. La lupa y te pierdes. Tu lupa adultera, deforma, no muestra. Oculta. Y niegas, postergas. Ha pasado tiempo y hoy me ha dicho Hugo de seguir tu juego. Y no sé. O tal vez, sí sé. Jugar a la ceguera de tu lupa. ¿Serás feliz?

Adela Inés Alonso

¿SE VERA CON LA LUPA?

Mamá… papá me regaló esta lupa, ¿a través de la lupa se puede ver mejor?
Sí Clarita, muchísimo mejor.
Si se ve mejor, ¿se sabe más?
Sí.
¿Y se puede ver todo a través de la lupa?
Sí casi. Por ejemplo lo que se puede tocar
Las mentiras, ¿se pueden tocar?
No
¿Entonces no se pueden ver con la lupa?
No.
Ahhh ¿Qué es un amante mamá? ¿Se ve con la lupa?
Amante es la persona que ama. ¿Dónde escuchaste esa palabra?
No me acuerdo.¿Vos sos amante de papá?
De papá soy la esposa, no se dice amante.
Pero vos, ¿amas a papá?
Sí, claro
¿Papá es tu amante?
Clarita, se dice esposo.
Ahhh. Los esposos se pueden tocar, y entonces, ¿se pueden ver con la lupa?
Si, Clarita, sí..
Los amantes, ¿se pueden tocar?
Clarita, ¿por qué me haces esa pregunta?
No sé, para entender.
¿Para entender qué hijita?
Que vos y papá se aman, no son amantes y que se pueden tocar.
Ojalá que los amantes se puedan tocar mamá…
¿Por qué decís eso Clarita?
Mamá, porque si se pueden tocar, se pueden ver... ¿Podré saber quiénes son con la lupa que me regaló papá?

Adela Inés Alonso

MATIAS

Después de haber sido sometida a medicación psiquiátrica dos años estando internada en Romero, le dieron el alta. Desde el primer día se mostró apacible. Allí le permitieron retener luego de revisarla, una bolsa vacía de tela rosa bordada en celeste. Con nadie habló nunca excepto con Roberto que la visitaba los domingos y con el siquiatra los jueves a las 11. Se mostraba totalmente lúcida al punto que el Dr. Balán varias veces cuestionó que Aída estuviese internada. Roberto la fue a buscar llevándole lo que le había solicitado.
El Lunes Aída estaba en Grecia en el cabo de Sunion para concretar su deseo. Se lanzó al mar desde el cabo, sabiendo que encontraría a Egeo para calmarlo. Para decirle que Teseo no había muerto aquel día y explicarle la cuestión de las velas.
Sí, ansiaba azulinidad feliz ahí, en las profundidades de sólo ese mar.
Roberto aún la amaba. El lunes encontró bajo el asiento del auto la bolsa de tela rosa bordada en celeste. Llena de pastillas de colores y una carta que como nunca lo hizo llorar entre sombras azules. Si lo de su pequeño Matías se hubiera parecido a lo de Teseo…
Adela Inés Alonso

LA CARTA

7 de septiembre de 2108.
Esteban, vino hoy la yuta. Investiga no sé por qué cuernos, los presidencidios de los que hablamos con tu viejo. No te parece extraño? Pasaron tantos años. No les dije nada, pero ya saben que cuando a Gutiérrez le diagnosticaron cáncer terminal, organizó todo para que fuera hecho en orden empezando por los del sur. Lo que no saben es quién fue. Dicen tener pruebas numerosas precisas graves y concordantes. Para mí no tienen nada. Ni se imaginan quién es el autor material ni dónde vive. Ni los porqués. Me dejaron una tarjeta, y sabés quién está a cargo? El pichón de mi sobrino. Como sea, me dijeron que irían a verte, que sabían que vos tenías toda la tira. Y como por cualquier medio tecnológico que te envíe esta nota, carece de privacidad, te la envío con mi paloma preferida y como ves en manuscrito. Avisa a tutti por este mismo medio y por favor no incurras en la tentación de tipear. Con lápiz es lo único seguro Señorita Bubnova queda usted detenida por retención de pruebas. Tiene derecho a permanecer callada pues todo lo que diga podrá ser usado en su contra.

Adela Inés Alonso

RECUERDOS DEL MAÑANA

Sunah se reunió el día antes con Mooneh. Conversarían antes de asistir a la convención en Skyuh donde filosofarían sobre la era anterior. Las restricciones de luz,  el olor a sudores y a orines,  seguía asfixiándolo. No encontró el chip a insertarse para filosofar sobre la esperanza y se insertó entonces el chip de la ilusión. Sunah caminaba por Starchus cuando vio las partes del cuerpo de Mooneh separadas y a la izquierda de su cabeza el chip de la esperanza, el de la ilusión, el de la creatividad, el de las emociones, el de los instintos, el de la risa, el del amor, el de la sexualidad, el de la memoria. Sunah frente a un amigo muerto, se colocó el chip de la tristeza. El Coronel Punitih escuchó su declaración y ordenó a Sunah extraerse sus chips. Así lo hizo. 35 minutos después Punitih envió al Finiscrime las partes de Mooneh y Sunah. Los chips de ambos fueron enviados todos al Finispense por lo que el Skyuh Center condecoró una vez más a Punitih. Huele a silencio como en los años de hambre y de miseria. Y huele a orden y a tecnología. Sin vida

Adela Inés Alonso

NO, NO ES CUESTION DE LATITUD

No. Inquieta, incauta sí, pero no había nacido en una típica familia porteña. No. Ni típica, ni porteña. Pero sí, había nacido. Rebelde sí, imprudente a veces. Y sí, proclive a filosofar como le había dicho Manolito, el gallego. Sí, sabía lo que quería, y es cierto también era pesimista. Detestaba el progreso y los avances tecnológicos. El exceso de procedimientos, el sinsentido cotidiano. Y la sublevaba el “sentido común” .Esa generalidad que nadie sabía bien qué era y de la que se enorgullecían más de uno de los de su entorno. Y sí, la conmovía la lluvia, y el sol que seguía saliendo, y no sabía por qué y el olor a pasto recién cortado, y el olor al humo de las hojas quemándose al atardecer, y la entristecía el ruido del tren en cualquier estación que se encontraba. Totalmente escéptica de lo político, quería convencer a algunas de sus amistades que la felicidad no se compraba con tarjeta de crédito. En vano. Así era. Inquieta, y no había nacido en una típica familia porteña. Pero sí, vivía en Buenos Aires, hasta que se fue como se había ido antes, de otros lugares. Y con la mochila liviana, salió para Casablanca. Por que sí nomás. Y recordaba que Manolito quería convencerla que uno conformaba la realidad. Y ella no creía, al menos en Buenos Aires, sentía que no podía. ¿Para qué quedarse entonces en un lugar donde nada podía conformar? Y recordó partes de aquel monólogo. “Hay que hacer algo ¿No?, para alguna cosa tendrá que servir el cambio, pues venga, vamos a cambiar de vida. A ti Rosi ¿Qué té pasa?. Que tu vida con Andrés y los chicos no te gusta ¿no?. Pues fuera, cada uno por su lado pero con dos ovarios como si fuésemos mayores. Y tu Nacho ¿qué? ¿No te ha tirado siempre lo otro?. Pues venga, guerra, pero sin tapujos. Ponte peineta y a ello, pero con dignidad, con la cara bien alta, que no pasa nada. Vamos a ver Andrés ¿Tú no querías dejar esas contabilidades y vivir sólo con el sueldo?. ¿Qué esperas?. ¿Qué no puedes?. Claro que puedes. Quieres ir al cine y Vicente no quiere, pues vete al cine, fíjate que sencillo. Ese metro, ese autobús, me da una butaca y ya está, ya has visto a Paul Newman, que era lo que querías. Se ha terminado eso de ser víctimas de la vida. No debe preocuparnos si cuesta al principio porque lo importante es que al final habremos recuperado la convivencia, el amor, la ilusión. Pues no cabe duda, al vegetar estamos acabando. Vamos a vivir por algo nuevo. Vamos, vamos a cambiar la vida por nosotros. Vamos. “ Y llegó a Casablanca con su mochila al hombro. Y respiró su aire, y pocos días habían transcurrido cuando se dio cuenta que allí, la conmovía la lluvia, y el sol que seguía saliendo, y no sabía por qué y el olor a pasto recién cortado, y el olor al humo de las hojas quemándose al atardecer, y la entristecía el ruido del tren en cualquier estación que se encontraba. Y se levantó una mañana y con la misma mochila aunque más liviana, salió para Nairobi, y allí permaneció cuarenta y seis días y también, la conmovía la lluvia, y el sol que seguía saliendo, y no sabía por qué y el olor a pasto recién cortado, y el olor al humo de las hojas quemándose al atardecer, y la entristecía el ruido del tren, y aquel día más que nunca. Subió al último vagón y con su lápiz de labio escribió en la parte interna de la puerta No es ninguna ciudad, ni Buenos Aires, ni Casablanca, ni Nairobi, no. Sí, serán entonces éstos mis últimos días en África…



Adela Inés Alonso

LA JULITA...

–Ché, loco, viste la nueva? Nos quieren mandar en cana, tamién. Sabés lo que va a pasar después?
–Y… nos van a matar, así matan el problema. Somo el problema nojostro.
–Viste a la presi,  ¡qué fuerte que está esa mina! yo te juro que me la…
–Pero es una vieja,  vo ni tené once nene...
–Mirá si nos hubiera tocado ser hijos de ella,  mamita, qué bueno hubiera sido,  te imaginá,  nojubiera comprado un auto por ir a la escuela y dar bien lo esámene...
–¿Cómo será ir a la escuela?
–Y qué se yo? Debe estar bueno, ¿no ves  que los que van a la escuela, tienen otro olor , son diotra clase?después van a la universidá y viven en departamento o  en casa  y comen todo los día hasta lo día que yueve comen. Mirá nosotro. Y  eyo se sientan y todo  y tienen plato  y ¿viste? Viven todo junto,  el viejo la vieja y lojermano.
–¿Tu viejo ya salió, o está troden?
–Naaa está troden. Y qué queré,  nosotro vamo a ser igual . ¿Morfaste algo hoy?
–Y no, si no me dieron ni un sope. Y fui a pedí ahí a coronel día y me sacaron, vo morfaste..
–Y no, tampoco me dieron ni un mango.
–Y qué vamo a hacé.
–Y, le viafanar al del kokios un poco de posipol, viste questá por yové,  y sin techo y sin morfi y diaguacero, nos queda el posii .Mirása rubia..
–Paqué,  no esistimo nosotro nene, nosotro noesistimo.
–Che... viste que la engancharon a la Julita
–Qué, larmanita del Cadena?
–Sí, estaba con tre tipo de traje, que se habian bajado la bragueta,  imaginate,  la Julita, que ya lo viene haciendo desde lojocho, ahora con once es una esperta, y a cinco pesito cada uno, se hace quince pesito en quince minuto,  tiene una habilidá la Julita, tamién , le enseñó la drema.
–Y a lo tipo ¿también se los yevó la yuta?
–¿Con qué te distes hoy? ¿No te dije qeran tre tipo de traje? Se subieron a un toyotacanry, le dieron cien a la cana,  y rajaron,  y la julita poray pa salvarse, le debeacé el servicio al jefe de la cana… Tiene una habilidá la Julita. Si fuéramo grande  te juro que yo me casaria coneya.

Fin

Adela Inés Alonso

HUELE A MAR

Comienzo a virar a estribor, tiro el ancla y garrea y anochece, me afirmo.
El muelle de maderas quebradizas, los ecos de voces lejanas y las olas revueltas, rugen, invaden, salpican, despabilando ventiscas marinas y vulnerando el silencio nocturnal. La densa neblina no logra empañar el ocre del otoño y la marea va y viene.
El pibe del bote aminora la marcha, se acerca y me pregunta si voy a desembarcar. Pero no quiero. Qué sentido puede tener. Recuerdo no sé por qué cuando ella regresó de su gira después de más de tres años de estar viajando y marcó un punto divisor fijando para todos un antes y un después. Habló de costas y mares tranquilos, de tribus, museos, de la lentitud del tiempo en las islas, de la clara oscuridad del desierto, de templos sin sentido.
No sé por qué las olas invocan hoy su presencia. Su cabello rubio, largo y despeinado. Su blusa blanca ceñida. Su mirada café. Cálida. La clara oscuridad refleja el agua limpia que corre sin rumbo ni destino. Por qué yacen las hojas en silencio. Porqué el café de noche no huele a chocolate. Por qué gira la vida .Por qué mi rebeldía se agrava con los años. Por qué no desembarco tampoco esta vez. El bote se aleja lento aproximándose al muelle y el pibe baja. Quizás volverá mañana. No es sencilla la vida. Observo las estrellas y bajo hasta la luna quizá, como dice el poeta, porque allí están consentidas muchas cosas. Descubro mis temores y encierran una idea que late, y no apuraré mi viaje.
Enciendo un cigarrillo mi eterno compañero y no podré dormir no sé hasta qué hora. Me doy vuelta y desciendo como siempre mirando hacia la proa. Huele a barco, a puerto, a mar. Huele a nómade libertad. Mi refugio se hamaca con el agua. Ordeno los estantes, releo la bitácora y así voy recordando cada puerto. Paisajes repetidos de pibes con los botes, viejitas con sus pasos cansinos y chicos desnutridos, y bolsas de colores y tantos pescadores hurgando las aguas en el muelle de Durban, vívido, bellísimo, durante mis últimos días en África...


Adela Inés Alonso

SIN SUEÑOS LA HIEDRA

Decidí podar la enredadera un día cualquiera y no cualquiera, porque soy humana.
La enredadera...
La dejé nacer así, sin que yo fuera del todo consciente,  sin semillas; y me dio bienestar mientras crecía.
 Y la fui descubriendo con los brotes, los tallos y la brisa; la hiedra trepaba sin descanso entre proyectos, fingiendo cultivar un verdor eterno.  Ideales, como la primavera,  con hojas de contacto y lejanía.
La dejé crecer así, sin que yo fuera del todo consciente. Con distintos olores, sonidos volubles y múltiples matices.
Yo, regaba cada día sus ramas sedientas porque ella me decía que las gotas de rocío calaban el verde de sus hojas, que la lluvia suave lastimaba su follaje, que los aguaceros herían sus retoños.
Y quise protegerla, cuidándola de todo, de los aguaceros, de la lluvia cruel, y del rocío; de los días grises, de las noches largas, del sol lastimero.  
Entonces trepó alta, con sonidos graves, olores desiguales y matices mixtos.  Y sin sueños. Brotaron sus espinas, bravas, tupidas, hiriendo con las púas,   sangrando clorofila.
No la dejé morir así, sangrando por sí misma. Yo, quería que viviera.
Quería que viviera con aquellos brotes, sus tallos, la brisa, su verdor eterno,  sus aromas dulces, sus sonidos tersos, sus colores limpios. Yo, quería que viviera.
Le hablé de la vida pero sin espinas, de lluvias benignas, de lunas de plata, de rocíos buenos.  Y no lo creyó.
Los tallos erguidos completos de astillas rodearon los bordes de todas las puertas. Aciago. Las hojas treparon cubriendo la entrada, cerrando la vida. Sin luna, ni estrellas, ni sueños. La hiedra.
No quiso la hiedra, dejar pasar el sol en esta casa mía, desde hace casi mil seis cientos días.
Decidí entonces podarla, porque el tiempo pasa y porque soy humana, necesito sueños de paz y de luz, sentir que estoy viva.

Adela Inés Alonso

EN MÍ

Dedicada a vos,
En mí, tu imagen se presenta
se ostenta ineludible
sin puntos cardinales
sin brújula
so riesgo de extraviarme
entre universos de plata
bajo estelares astros
y brisas nocturnales
que braman contra el tiempo
hacia profundidades
sin límites

Ante un mundo
de sombras con nostalgias
de colores otoñales
de caricias tardías
y ríos de alegría
que corren tras destinos diversos
impares
melancolía.

En mí, tu imagen se presenta
se ostenta irreductible.
Te siento hasta en mis sueños
sobre mares de espejos

Océanos quiméricos
naufragan en tu cuerpo
óperas de besos
miradas en silencio
a tu ser entero
para fondearme a un puerto
a una dársena
cabe un áncora
desde lo incierto

En mí, tu imagen se presenta
se exhibe inconfundible
según pasan los años
te pienso entre recuerdos
según pasan los años
te evoco entre mil sueños
por siempre...
te extraño..

Adela Inés Alonso

PRIMERO DE DICIEMBRE

Dedicada a vos,

Tu voz de chocolate contagia el mediodía
del jueves de diciembre
Sublimes melodías me saben a tu nombre
tu nombre y geografía
La magia late ahí, en copa de cristal
captura fantasías

Rebeldes, se fugan las burbujas.
Paciente mi anular, por tus dedos, camina
y anudan la ternura que habita entre las manos
y anidan el enigma. Misterio de la vida

De prisa, se ha ido el mediodía
del jueves de diciembre.
Anhelos.
Acopio la luz de tu sonrisa,
la miel de tus pupilas
tus gestos
tu voz de chocolate
y el aroma a vos.

Percibo entre colores secretas fantasías
Naufragan insondables
Son surcos de la vida
Hondos
y te siento.
Navego rumbo al este
Y te abrigo
Extremos cardinales
Abarcan tu ansiada geografía

Genial la travesía.


Adela Inés Alonso

JE T´AI VUE


Je t´ai vue courir dans la rue,
sauter un banc je t´ai vue.
Je ne sais pas si je l´imaginais
ou même comme ton parfum
pénétrant je le sentais
ou peut-être que je l´apercevais
lorsque mes mains,
anxieuses de ta peau,
se soûlaient,
et je ne sais pas si je le rêvais
mais, toute nue j´ai te vue.
Je t´ai vue voler, très sereine,
sur des ailes d´ un sourire
La passion était l´ étoile,
des désirs enfin accessibles
Mais, j´insiste,
je ne sais pas si je rêvais de toi,
Ou, si réellement je t´ai vue



Traducción del poema  "Te ví"
 

LIBRE COMME L´OISEAUX

L´autonomie, l´indépendance, la liberté,
Sont- elles fictions de notre vie ?
Je ne sais pas
Ce sont les mots qui donnent le sens à l´existence ?
Nous existons ? Je n’en sais rien.
Les émotions, les sentiments, les perceptions
Sont- ils créations
de nos idées, de nos pensées ?
N´existent ils pas ?
Qui me dira la vérité ?
Je veux voler dans l´univers
Je dois les trouver
et imaginer qu´ils sont réels.
Quel est le sens
d´ignorer ce qui est vrai ?
Quel est le sens de notre vie ?
Vous me direz ? Tu me diras ?
Je veux voler pour découvrir
ce qui n´est pas
et n`était pas, ce qui sera.
Vers les étoiles
je volerai comme cet oiseau placidement
Sans limiter la liberté
Pour ne pas mourir,
et découvrir
que les poissons qui cherchent de l´eau
la trouveront pendant la nuit,
ou le matin du mois d´avril
pendant l´automne ou le printemps
pour ne pas périr,
et s’apercevoir que c´est la vie
qui cédera l´autonomie, l´indépendance,
qu´on peut choisir.
Je l´ai choisie.
Je choisirai la liberté
D´aller au ciel
Pour y voler sans limiter l´ irréalité
des sentiments, des émotions
qui ont existé, qui existent encore, qui existeront.
Dans notre vie, pour ne pas mourir,
Il faut trouver un grand amour,
Qui nous libère de l´inquiétude
que d´habitude nous sentons tous.
Il faut créer, il faut écrire
Il faut sentir, il faut voler
Pour découvrir la liberté du monde entier.
Pour la trouver, comme les oiseaux
il faut voler.
Dans l´avenir …je volerai


Adela Inés Alonso

17 de dic. de 2008

BECQUERÍA

Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña jamás olvidada,
silenciosas las casas del sur
las paredes blanqueadas.

Cuántas leyes sacaste muchacha!
Te costó sancionarlas
Se te fueron los pesos del alma
mas pudiste arrancarlas

¡Ay! pensé; ¡cuánta ropa y astucia!
Cuánta puesta en escena
¡Qué argucia!
De derechos humanos y penas
Y La Plata distante, olvidada.

Vos amando los reyes de blanco
las armas, la trata
Y el negro perdura ensuciando.
Un karma, con los lagos del sur
ya blanqueados,
trepando las piedras
Te esperan.
Salud!

Adela Inés Alonso

HUBIERA O HUBIESE

Si yo no hubiera escrito aquella carta a mi ex, la bruja de mi suegra, doña Eloisa y la santa de su hermana, no me habrían hecho saber que el Óscar, la mascota que desde niño las había seguido como un perrito faldero, esperaba de mí un sacrificio. No sé que piensa él de ese juego. Si lo dejé fue para no verlo más. Me hartaba. Cuando yo laburaba en “La princesa Tolomea” que regenteaba doña Jacinta, no sólo tenía que tolerarle los humores más variables que el clima del sur sino sentir a diario sus lágrimas en el teléfono reclamando mi presencia. Así fue que Jacinta y su marido, leales a Óscar, me pusieron de patitas en la calle y él, haciéndose el triunfador de la zona, al instante estaba ahí, contento como chico con zapato nuevo para invitarme a comer a la posada de Don Roque que los jueves hacía pavo al whisky y que yo, jamasito había probado. Lo mas sofisticado que había comido yo, eran los tallarines con pesto en lo de Carmen.
Quiso el destino que no alcanzara yo a probar el pavo, es que a nadie se le ocurre que un marido quiera saber en detalle qué es lo que una hace con los hombres en una actividad como la mía. Pero al Óscar sí. Empezó con todo tipo de preguntas en un colectivo amarillo, delante de toda la gente, que nos dejaba en la posada y fue la gota que rebalsó el vaso. Ahí nomás me bajé y le dije que me iba y que él se quedara con todo ese merengue que había armado con Jacinta, las lágrimas, las preguntas en el colectivo y el pavo.
No tenía dónde ir así que caminé no sé cuánto ni hasta dónde, a campo traviesa hasta que vi un galpón, entré , subí una escalerita y arriba me tiré de unos cueros de vaca. Amanecí con una gatita gris ronroneando en mi hombro y tapada con unos cueros de oveja. En mis 29 pirulos he vivido noches negras, blancas, tormentosas y estrelladas, pero ésta era una experiencia nueva. Una noche peluda un 15 de junio cuando el otoño se apura para irse y dejándonos en manos del invierno que a veces resulta cruel como una hiena y otras ácido pero pintoresco como un cuento cordobés. Me desperté y vi un peón acomodando fardos y mirándome. “Si esta noche andas por acá vas a descansar mejor, más arriba morocha. Voy a hacer un poco de mate cocido, que hace frío. ¿nos bajamos comadrita?
Me agradó Rigoberto y hablamos como si nos conociéramos de toda la vida. Y eso sucede cuando se ha vivido mucho y de todo y a nada se teme, porque todo puede ser, cualquier cosa puede pasar y en cualquier momento.
Rigoberto trabajaba ahí desde los 11 y tenia 32 y estaba casado con la Romilda, seis hijos tenían y aunque 4 eran del patroncito todos llevaban su apellido Bequería. Así es la vida me dijo. Al patrón, don Uvaldo, le gustaba la hembra tierna como la hierba nueva, que con todo se aferra a la vida para seguir creciendo. Y me explicó que fue casual que Parrales se hiciera rico, con un primer palo fácil heredado de un padre que ni sabía que tenía, por esas cosas de dios, que parece que no siempre está donde debería. Como le dije que andaba buscando trabajo, Rigoberto me recomendó hacer 3 kilómetros por la tierra derechito y que ahí en La traviata, la panadería del pueblito buscaban una empleada, que habían publicado un aviso en el diario de Zeze, y nadie se había presentado. Me fui nomás así, después del mate cocido y me quedé con el gusto dulce y resbaladizo de ese único beso de cera que me aterciopeló el día.
Así fue que de día trabajaba en la Traviata y de noche en “Digalo con buen humor”, buen humor que conmigo se terminó después de la trifulca Navideña. Así que el 26 de diciembre quedé otra vez en pampa y la vía que me llevó por otro camino y me entreveró con otras cuestiones.
El 4 de enero en ese pueblito de mala muerte a doce kilómetros de Pamechum Gohue a Uvaldo Parrales le dio un golpe de calor a la hora de la siesta . Y lo dejó tumbado, sin palabras. Dicho así, parece un hecho insignificante pero habíamos tenido una noche de amor de ésas que no se empardan, así que cuando se lo conté a Belé, le pareció lógico que esa mañana él me dijera que iba a hacer un testamento a mi favor. Claro que no le habia dicho nada yo a Parrales de mi pasado. ¿Para qué? Ese 3 de enero, sin preámbulo alguno, después de tomar unos vinos en el despacho de bebidas de Ramón, nos fuimos a Via Láctea el único mueble de la zona, abrazaditos y observados por todos los vecinos. Tuve pálpitos sí, que algo distinto pasaría. Uvaldo, por esas cábalas numéricas que nunca entendí en la gente, quería la cinco, y entonces había que esperar, porque ahí estaban desde hacía dos horas, la vedette, el estanciero y el semental negro, bastaba verlos para darse cuenta que ése era un encuentro de locos. Cuando salió el trío, la minusa parecía una muñeca rota y no era para menos. Doña Felipa la observó de pies a cabeza, le hizo saber de la carta de la Mecha y sonrió. Algo en su sonrisa me extrañó , fue bastante más tarde que me di cuenta que los dientes de la abuela habían desaparecido. Vaya uno a saber desde hacía cuánto, y yo ni me había dado cuenta.
Angegrito fue el primero que me llevó ahí tres días antes. Las chicas le deciamos el maratonista. No era porque corriese rápido, lo que sí, no daba tiempo a nada, ni tampoco nos pagaba, así que nos quedábamos sin el pan y sin la torta. Hicimos correr el boletín, porque con la recesión de algo estamos seguras y es de que queremos el dinero que nos ganamos, pensamos hacerlo seguir con los perros y don dio aunque Belé dice que dio atiende en buenos aires, pero tengo fe. Y más después de saber lo del testamento de Parrales. Pero no fuera cuestión que la parca lo sorprendiera por falta de atención antes de tiempo, así que me fui yo a buscar un doctor que no encontré. Belé me mandó a lo de don Hope y ahí nomás se presentó” Boticario soy pa¨lo que guste mandar” Le conté del malestar de Uvaldo y me preguntó cómo le pagaría yo. Claro que la única paga a mano que tenía yo para darle era mi cuerpecito cansado. Parrales no tenía por qué enterarse, y el boticario ahí nomás bajó la cortinita del establecimiento y se cobró en forma anticipada. Hope se bañó y salimos a tranco largo a tratar a Parrales. Yacía tumbado y la parca lo había sorprendido sí, ese 4 de enero, cinco minutos antes que llegáramos. Si yo hubiera o hubiese tenido dinero, habríamos llegado antes y quizás Parrales se habría salvado. Si el boticario hubiera o hubiese permitido una paga más tarde, tal vez Parrales se habría salvado. Si yo hubiera o hubiese recibido el beneficio de ese testamento, no seguiría yo así, de un pueblo para otro, esperando ahora que venga el otoño, para que después vuelva a venir el invierno quizás más cruel que una hiena. No sé.

Adela Inés Alonso
Con los 54 títulos de los cuentos enviados al foro de La Nación para la consigna, un cuento de humor.

10 de dic. de 2008

TACTICAS DIVERSAS

El hombrecito aquél de mirada celeste hielo que secuestró torturó y perfeccionó cada uno de sus actos con la estocada mortal entre tinieblas, tenía cara de ángel. Constituía uno de los pilares del plan macabro de terrorismo de estado autodenominado proceso de reorganización nacional. Cuánto palabrerío absurdo. Sombrío como aquel operativo independencia en Tucumán.
Cuántas mentiras aún perduran en las altas esferas del poder. Cuántas vidas sofocadas. Extinguidas.
Como tantas madres, la de Cachito, Matilde, no lo superó y jamás lo superará. Nadie podría. Por esas cosas de la vida, a eso lo llaman empantanamiento emocional, sobrevivir en una divina penumbra, divina por lo eterna, en sombras y a perpetuidad con pinceladas y gotas que secan la vida. Como si acaso fuera posible vivir de otro modo siendo que el escándalo en el ministerio se produce, sólo porque el guardaespaldas del principal imputado en el robo de bebés es nazi, y no por el robo de bebés.
Me pregunto qué diferencia hay entre ellos y los nazis.
Hablan de equivocado amor por la patria para justificar esa guerra que no fue guerra. Genocidio. Se refieren a la mala fe de la prensa, para minimizar la plantación de horror que, inocultable, con la negrura del alma que envolvía sus cuerpos de verde y con los pies sucios de barro sembraron entre mariposas perdidas, frutos robados y flores extintas.
Vulnera sí. Violenta y lastima mi biografía toda, la nuestra. Y no cicatriza la herida por más que todo el mundo diga que el poder tiene esas cosas.
Será nomás cuestión de perspectiva. No sé. Pero pareciera que la historia se escribe con horrores, errores y vacío, que imprime las arengas, la guerra y el arreglo, el genocidio y las mentiras, tiranos con laureles, y mientras, no plasma su misión el estadista. Aunque poder se puede.
Pareciera que siempre ha habido justicia secreta y a plena luz del día con aromas a incienso y textura de ortiga, con sabores amargos oliendo a flor nocturna . Y nunca serán dulces, ni afables. Nunca.
Pareciera que siempre la historia se repite. No sé por qué. Aún sin machos alfa que cumplan con su rol, resulta un eufemismo que ella sea omega. Poder o no poder resalta incuestionable la decisión de la reina que no es de la realeza, ni es alfa, ni es beta. Y un día cualquiera, enciende el atanor sin dar explicaciones, prepara dispone y guisa mil recetas. Acaso, resultan piedritas de colores que saben a temor a duda y desconfianza.
Acólitos omegas la siguen sin cesar, cocinando especulaciones de espinas con escamas que implican suciedad como un nido de ratas. Emético. Bebiendo y brindando entre cheers y cristales comparten la cena.
Pareciera que no cambian las esferas. Las altas y las bajas esferas del poder perduran con el tiempo. Son tácticas diversas.
No sé quién es patrón ni quién cocina, quién decide ni quién manda. Ni aquí, ni allá. En el mundo, no sé.
Pero sí sé a qué huele. A miseria huele. Que hace calor y huele a frío, que gira la rueda sin bandera en este laberinto como una calesita con monstruos que dan vueltas y asustan, te quitan la sortija aún si sos de ley, y en nombre del poder la patria o lo que sea, no importa, apuestan nuestras vidas que aplastan, y siguen la estrategia.

Adela Inés Alonso

Con los 42 títulos de los cuentos enviados al Foro de la Nación para la consigna
Cuento ambientado en las esferas del poder.

9 de dic. de 2008

PICARONTA Y NESEITON

Picaronta llegó una vez más a la orilla de la Mar que llaman Océano. Llegó como siempre. Volando. Sus alas son la palabra escrita. Picaronta no habla, sólo se manifiesta a través de su escritura. Si alguna otra deidad la viere de improviso en el Olimpo, si alguna otra deidad llegare a descubrirla en la Tierra, simplemente, mirará. Nunca hablará. Con las mismas plumas con que vuela escribe. O, escribe y entonces vuela. Nadie jamás, logra percibir la diferencia.
Venía de muy lejos. Había atravesado continentes y mares y cielos en busca de Tritón. Por algunos, llamado Poseidón. Por otros, Neptuno.
Neseitón para ella, desde su primer encuentro en la época en que los mares y continentes se separaban unos de otros. Regalo que le hizo con su pluma, de este juego de palabras cuando lo adoptó como su oráculo preferido. Único, para ella. Ningún otro mortal dios o semidiós lo ha llamado ni lo llamará Neseitón.
Tritón quedó prendado de esta magia del lenguaje. Siempre acude a su encuentro en cualquier rincón del Universo. No importa lo difícil que le resulte dialogar con Picaronta. Él siempre le habla con su rumor de espuma. Ella siempre pregunta o contesta con el vuelo de su pluma.
–Aquí estoy Picaronta, me encanta volver a verte. Te beso los pies que cubres con arena blanca.
Se le encendieron los ojos. Se apresuró a tomar una de sus plumas y escribió: Gracias por venir Neseitón. Una vez más necesito hablar contigo.
Los dos tendidos en la playa desierta celebran el encuentro. Picaronta se sentó sobre la arena, cruzó las piernas y comenzó a escribir, volando. Tritón recostado en la arena la abrazaba.
–Vengo de Las Galias. He visitado a alguna de las tribus de nómades que ofrecen sus mercancías por sus ríos verdes
–Yo en cambio estuve en Atlántida. No resisto mucho tiempo sin verlos.
–Mi querido Neseitón, mis preguntas siempre son las mismas. Las mismas que te hice en El Plata desde La Germania o aquella otra vez en El Peloponeso.
–Entonces mis respuestas también serán las mismas. Nosotros conformamos las maravillas.
–Mi querido Neseitón, no creo que conformemos nada. Quizá, ya no he de preguntarte. Es que respondes sin dudas. Tu reino es diferente. Y lo entiendo. Tu sí has conformado tu mundo. Tú puedes conformar la realidad, tú puedes conformar las maravillas. Yo no puedo. Es que no he habitado en esa isla de cara a las columnas de Hércules, ni he construido en torno a mi mansión un cercado hecho de muros y fosos llenos de agua. Tú puedes conformar. Habitas en la Atlántida, tu isla sumergida. Y yo en cambio, vuelo. Por esas cosas de la vida, fingir que es grato lo real, no quiero. Entonces, no puedo no volar. Aunque las alas duelan intentaré alcanzar de las cumbres, la más alta. No voy a resignarme al Aconcagua porque no ha de sucederme lo que a Borges.
Tritón continuaba preguntándose por qué le resultaba tan difícil relacionarse en especial, con Picaronta.
–Picaronta, dime qué nos pasa que no logramos comunicarnos bien.
–Mi querido Neseitón, es que yo simplemente vuelo. Y tú, razonas. Y volando, te vi. Hace un montón de días. ¿Cuántos días transcurrieron? El vuelo y la vida hicieron que yo te viera. Porque no estaba yo, conformando maravilla alguna. Ni estaba en mí conformarla. Dones de la vida, mi querido Neseitón. La vida donde soy yo quien vuela. La vida donde eres tú quien razona. ¿Cómo pueden comunicarse bien, el vuelo y la razón?
–Picaronta, no me refería a lo que dices. No sé cómo decirlo.
–Pues dilo como puedas, tendiendo un puente de palabras o con tu rumor de espumas.

Picaronta no escucha. Contempla lo gestual, curiosa.
Momentos, máximos momentos. Y vuela. Entre montañas y juega. Momentos, máximos momentos. Y nada entre ríos y ríe. Momentos, máximos momentos. Y ríe con él. Máximos momentos y no voy a resignarme al Aconcagua porque no ha de sucederme lo que a Borges. También, como fuera que lo hicieran, y quizá sin saberlo, mis padres me engendraron para el juego arriesgado y hermoso de la vida, para la tierra, el agua, el aire, el fuego. Si no he de ser feliz, no será al menos, por no haberlo intentado. Y no lo hago por ellos. Lo hago por mí.

–Entonces, insisto Picaronta, eres tú quien conformas con tu vuelo.
–Neseitón ¡no entiendes! Si fuera yo quien pudiera conformar la realidad ¡cómo la viviría! Si fuera yo quien pudiera conformar las maravillas ¡qué feliz sería! Mi vuelo no conforma. Resulta simplemente un intento ineludible. La vida.


Fin

EL AMOR EXISTE

No te angusties mujer
El fin de un amor, sólo prueba que el amor no subsiste,
Que el amor no es eterno, que el amor no es perpetuo.

No te alarmes mujer
El amor es como un río,
nace dulce, audaz, osado
Corre intenso, bravo, acelerado
Crece suave , intrépido, arrojado
Vive alegre , urgente, apresurado
Y a veces, sólo a veces, subsiste
Un tiempo prolongado
No te inquietes mujer
El amor es como un río
Que al morir todo lo ha dado.

No te aflijas mujer
No te aferres al amor que se ha ido
No te engañes con palabras sin sentido
No te hieras buscando sin motivo
En el cauce de aquel río vacío

No te apenes mujer
El amor está en la vida , insiste
No estés triste mujer, no estés triste
El fin de un amor , prueba que el amor existe.

Adela Inés Alonso

AUSENCIAS

La puerta completamente abierta, permite ver el inmenso reloj de pared que exhibe la hora. Son las 11.30.
Su indeleble tic tac, la música armónica de las gotas de lluvia, concordando con la suave “Lucía”, lejana, comparten el silencio casi absoluto que reina dentro de la antigua y bien conservada oficina.
Un escritorio serio, indiferente y de estilo, una silla a cada lado del mismo, descansan agotados en el rincón izquierdo. Sobre él, una lámpara descubre tres fotografías de niños, un cenicero repleto, cenizas caídas, un encendedor, un plato y una taza de café usados, un teléfono. Flores frescas. Son jazmines que imponen su presencia tan intensa como especial.
Contra la pared, fieles estantes silenciosos, de madera lustrada sostienen decenas de biblioratos de distintos tamaños prolijamente ordenados.
Sobre la ansiosa mesa de reuniones, a la derecha, rodeada por ocho cómodas sillas, un termo grande de café, una fina bandeja con cuatro platos y pocillos de porcelana limpios, una azucarera, cucharitas, chocolates y mentas.
Sentado, en la cabecera del frente un hombre, absolutamente concentrado. Piensa, lee y escribe.
El pantalón gris oscuro y su impecable camisa blanca, resaltan los tiradores de color negro. Contrasta con la prolijidad de su ropa el penetrante olor a tabaco, usurpador.
Manso, se pone de pie, gira y se detiene a mirar a través de la ventana- vestida simplemente con cortinas de voile blanco recogidas a cada lado con un moño-. Es un mediodía dulce, perfumado, suave, melódico pero intensamente gris. Las hojas verdes de los árboles parecen no darse cuenta, juguetean incansablemente.
Camina de un lado a otro de la ventana como tratando de encontrar en esos pasos alguna respuesta. Es alto, delgado, casi totalmente calvo, bigotes tupidos entrecanos, ojos marrones y profundos. La marca en el medio de la nariz evidencia el uso de anteojos , la cantidad y profundidad de surcos en la piel, el inocultable transcurso del tiempo que lleva vivido.
Se acerca paso a paso al escritorio, y se detiene. Mira largamente las fotografías. Se sienta para poder contemplarlas mejor. Toma cada una de ellas, sonríe y las regresa al lugar en el mismo orden en que estaban. Enciende un cigarrillo, suspira hondamente, tira la cabeza hacia atrás. Sus ojos tranquilos buscan su destino. Lo encuentran en el reloj. Son las 13.30. Vuelve a las fotografías, huele un jazmín y deja en libertad lágrimas prisioneras, contenidas. Toma conciencia de la obstinación del tic tac , la lluvia está plenamente viva, la luminosidad de los relámpagos y el eco de los truenos, alternan con esa música y voz siempre amistosa. Recuerdos inalterables.
Sus pensamientos se interrumpen por la campana del teléfono, al que deja sonar una y otra vez.


Adela Inés Alonso

EN ABRIL

Entreabierto el ventanal, libera brisas que envuelven matices otoñales. El ímpetu esmeralda estival agoniza inevitable y sucumbe fatal ante el naranjaverdosoamarillento de hojas que bailan y se desprenden en la mansedumbre de una continuidad disciplinada sin sentido.
Sonidos de la calle invaden el ambiente de la ciudad, pasos de multitudes apresuran la jornada dirigiéndose quién sabe dónde.
Mientras espero el café, el noticiero no deja de repetir como si de eso dependiera que el mundo siga andando que en la tercera humareda del cónclave, el humo resultó blanco. No sé qué podrá variar con Ratzinger, en realidad tampoco sé si algún cambio significativo se hubiera producido con la elección de otro. Me pregunto qué es lo que han cambiado en estos últimos mil novecientos setenta y dos años. Me pregunto también cuál es la razón de esa continuidad... Adelantos tecnológicos nos permiten contemplar a casi todo el mundo mientras trajinamos nuestra propia existencia y resulta asombroso que así sea. Quizás algo insospechado en el año 33... Advertimos que son pocas las personas disfrutando sus posibilidades de transitar con dignidad por la vida y reparamos con reiterada indolencia multitudes padeciendo hambre, guerra, desamor, desesperanza, injusticias, intolerancia...Tal vez de lo esencial nos distraemos cada día con tanta información , con tanta pauta. No sé.
La tarde deviene en noche y ya no puedo distinguir el color de los jacarandaes ni el de los palos borrachos, y el noticiero insiste con la misma temática como si la única realidad fuera el Papa, como si la esperanza del mundo estuviera representada por esas multitudes que aclaman , como si la ilusión fuese social o mundial y flameara en esas banderas que se agitan en Roma.
Y pasan los años y Serrat no deja de conmoverme, detrás, está la gente, detrás de los himnos y de las banderas, detrás de la hoguera de la Inquisición, detrás de las cifras y de los rascacielos, detrás de los anuncios de neón, detrás, está la gente con sus pequeños temas... No puedo creer que ya han transcurrido casi cuatro meses de este año... Lástima, marzo quedó atrás, estamos terminando abril.... Y especialmente en abril la razón se indisciplina y como una serpentina se enmaraña por ahí. Van buscando los rincones, sofocadas, las parejas hacen planes y se dejan llevar por las emociones, sin atender, imprudentes, el consejo de Neruda: "que las nieves son más crudas en abril especialmente... La suavidad perfumada de las sábanas me abriga protegiéndome del frío de las nieves de abril y los ecos de la noche van desvaneciéndose... entre la calma y las turbulencias del avión y el calendario corriendo hacia atrás y la maratón obstaculizando el tránsito. Caminé con la valija siete cuadras hasta mi destino y llegué cansada. Esa pequeña ciudad del norte europeo, con su gris y su neblina no me convencían, es que ya no eran las ocho de la mañana sino pleno mediodía. Recordaba cada calle, cada edificio. Más lo recordaba a él. Casi lo veía como aquel año, cruzando la plaza a la seis de la tarde. Un encuentro casual, en aquella ciudad ajena a ambos. Aunque ya sin decirlo, nos habíamos percibido distintos. Llegué a mi hotel y una vez en mi cuarto, lo llamé. Otra vez su voz. No me sentí tan lejos por el solo hecho de escucharlo. A las cinco, el encuentro detrás de la estación de tren. Frío y llovizna.- ¿Te parece, caminar hasta la plaza?- Por supuesto. Lo pensé desde que llamaste. Siempre me gustó, su toque independiente. A veces hasta desafiante. Definitivamente, sí, valía la pena mojarse. El frío ya no se sentía. Después, un pequeño café con voces desconocidas. Dos tazones con café, leche, crema y chocolate abrigaban la charla y las manos en cada sorbo. Otra vez en la calle, ahora sin lluvia. La niebla encendía pequeñas estrellas coronando cada luz. Al paisaje se le suben los colores a la cara y apetece ir donde cubre a nadar contra corriente, en abril especialmente –en Buenos Aires, octubre –. Llueve. Otra vez llueve, la causa... el azar... los matices de octubre... el frío de abril, ocre la monotonía ahora se concentra en la historia de los Benedictos... me pregunto otra vez la razón de la continuidad... la grisedad y la rutina de lo cotidiano... la religión... sí , como me decía él entonces, por miedo a la finitud que percibimos creamos los dioses, con los dioses, después el dios, y de allí caemos en la religión. Las religiones son factores de poder, que dogmatizan, cercenan libertades, instintos, destruyen un hombre e intentan crear otro. El sustento es nuestra propia angustia existencial. Como hombres nos percibimos en un universo diferente de nosotros. Perdidos dentro de él. Inabarcable.
Sonidos de la calle invaden el ambiente de la ciudad, pasos de multitudes apresuran la jornada dirigiéndose quién sabe dónde... por qué... sin ver... palos borrachos vestidos de rosa, tilos, acacias, paraísos, plátanos, tipas blancas, jacarandaes... pintan manchas de colores y matizan de pie, por esas cosas de la vida, la indiferencia citadina...


Adela Inés Alonso

Y VIVEN

No les queda resto para otra jugada.
Se torció el camino....se dio vuelta el viento.
Les pudo el fracaso y el resentimiento
y hoy son dos ejércitos en retirada
Desamor. J.M.Serrat

Por amor, pasión, deseo, capricho, confusión, despecho, inexperiencia, afinidad, necesidad, conveniencia, aburrimiento, obligación, por la fiesta; por la ceremonia religiosa, porque ya es hora los amigos ya lo hicieron, porque la mujer está embarazada; para experimentar ser el primero del grupo, para figurar, para encontrar un sentido a la vida, mitigar la soledad, respetar el mandato social, cumplir el sacramento, ascender de clase, modificar el estado civil, ir de luna de miel y liberarse de los padres, para diseñar un proyecto en común, heredar, tener casa nueva, hacer el amor, dar, recibir, dar y recibir, compartir, sentirse seguro, proteger, no quedarse solteros, ocultar la homosexualidad, poseer al otro, controlar, dominar, tener hijos, cumplir etapas, satisfacer las necesidades del otro, consumar una promesa, no hacer sufrir, impresionar… en el planeta Tierra, un día soleado, nublado, de lluvia, borrascoso, en verano, en otoño , en invierno , en primavera, en enero febrero marzo abril mayo junio julio agosto septiembre octubre noviembre diciembre, en el hemisferio sur, en el hemisferio norte, en Oriente u Occidente, durante la mañana, la tarde, la noche , se casan mediante un único rito y aceptan y prometen amarse y respetarse hasta la muerte.
El hombre no separe lo que Dios ha unido. Han elegido con certeza y se han comprometido. Ilusiones invencibles van muriendo con el devenir de la vida y mutando aquel presente inequívoco en un futuro incierto. “El hombre no separe lo que dios ha unido”. ¿Y quién es Dios? ¿Y qué sabe? ¿Qué sabe del amor? ¿Qué sabe de la pasión? ¿Qué sabe de la vida cotidiana? ¿Qué sabe de querer y no querer al mismo tiempo? ¿Qué sabe de los cambios? La brisa los acariciaba entonces, ahora los golpea; el amanecer, el día, la tarde, el crepúsculo, la noche, el sol, las estrellas, la luna, los iluminaba entonces, ahora los opaca. Las variables del tiempo y el sol sigue saliendo pero ya no es tibio, ahora pega y congela. Inminente la ruptura, el hombre sí, separa lo que Dios no logrará unir.
Y sufren y lloran y ríen y sienten y odian y aman y quieren morir y quieren vivir, dejan de sufrir y dejan de llorar y dejan de reír y dejan de sentir y dejan de odiar y dejan de amar. Y viven.
Y desean hacer lo que no hicieron y lo hacen, recuperan el tiempo perdido, le reprochan a la vida lo que les quitó, y sufren, y diseñan la cuadrícula de la vida como un tablero de ajedrez y completan los sesenta y cuatro escaques con una actividad, y visitan a la madre, y telefonean a los amigos, y frecuentan amistades de la infancia, del secundario, de la facultad, del club, y se resienten con las mujeres, y buscan mujeres disímiles en extremo de aquella que habían elegido para toda la vida, y pierden el interés por todo, y ya no se afeitan, y no se concentran en las tareas, y llegan tarde al trabajo, y se levantan temprano, y van al gimnasio y al nutricionista para bajar de peso, –adquiere un sentido esencial la vida sana–, y asisten a cursos variados y trabajan doce o catorce horas, o se hacen adictos a la televisión y se obstinan en vivir al revés de cómo lo hacían. Y viven.
Y habitan algunos, ahora, en departamentos pequeños que convierten en bulín; desnudo el único ventanal, invadido el living por la ausencia de muebles, insistentes gotean las canillas, extrañan las paredes la compañía de los cuadros que no llegan. Camisas y medias amontonadas, café en saquitos, y té, y agua mineral, y yerba, azúcar, y el mate y la bombilla, y dos tazas, y dos platos, y pocos cubiertos, y una vieja cacerola de aluminio y una pava y la ducha no funciona, una toalla, un toallón, y la cama estática sin tender mira en el vacío del pequeño ambiente con olor a nada. Y viven.
Y otros retienen el que solía ser el hogar conyugal. Las pinturas de Venecia, los cortinados con sus finos matices, los cubiertos de plata, la vajilla de porcelana, las toallas aterciopeladas, las sábanas impecables, las plantas crecen, germinan unas nuevas, la cocina del té con limón y bizcochuelo de naranja, Serrat al atardecer, y María que llega cada día de lunes a sábado de ocho a quince, y aspira las alfombras, y corre los cortinados, y limpia los vidrios, y tiende la cama, y repasa los muebles, y riega las plantas y respira la casa. Y no ha cambiado la casa, sólo el señor ha cambiado desde que la señora no está. Y viven.
Y otros se albergan en la grisedad de un cuarto de hotel, un baño al fondo compartido, no caben las perchas en el placard, indiscreto el espejo lo interroga por su destino, y, opaca la luz de la lámpara desparrama rayos que derrumban libros aburridos al costado de la cama, marchitas las fotos de los niños, los clasificados de los diarios, lapiceras, un cesto de papeles repleto. Piensa y despiensa recuerdos. Y viven.
Y otros se alojan transitoriamente en la casa de la madre. Que comprende, escucha, consuela, cansa, reta, ilusiona, desconsuela, reprocha, alienta, explica, lava la ropa, prepara la comida, tiende la mesa y con cariño siempre lo espera, porque es la madre. Y viven.
Y otros adquieren una vivienda llena de luces y matices, cortan el césped los fines de semana, riegan, cantan. Y mientras silban colocan fotos de tiempos vividos con sus padres, sus hermanos, sus hijos, su ex, o visten las paredes con cuadros sin sentido que compran para darle un poco de color a la morada. O no visten las paredes. Y viven.
Y vuelven a sufrir, y vuelven a llorar, y vuelven a reír y vuelven a sentir y vuelven a odiar y vuelven a amar.  Y viven...

Fin

CORBATAS DE SEDA



“La razón sueña, confunde y expande trémula quietud en una acuarela de luces sombrías. El sueño no tiene razones. La pasión late, dilata, contrae, creando a lo humano entre sueños. Sueños que palpitan, conformando el placer en la psique, inmersa en el caos y en la memoria”
Contradicción . Roger Jêzep


Adoraba la estancia, los matices y las rayas del alba, el perfume del rocío y el galope lejano, la sinuosidad callada de los campos y el eco implacable del viento, la mirada de los girasoles, la inquietud de la luna y las estrellas conquistando el crepúsculo , el horizonte.
Se había habituado a vivir en soledad. Seis años antes había presentado su renuncia, sin causa, sin explicación alguna. Llegó a las nueve sólo para retirar sus cosas de la oficina y pidió cuatro cajas. Imperturbable desocupó los estantes de la biblioteca, bajó las pinturas , sus títulos, guardó el globo terráqueo, sus declaraciones de impuestos, el cenicero de cristal, los anteojos, el reloj , sacó del tercer cajón de su escritorio de roble oscuro las dos corbatas de seda italiana- cuatro años permaneciendo allí sin haber sido estrenadas- , la agenda, la lapicera con su estuche, los discos de Mozart, Bach, Liszt, Beethoven, el diccionario de etimología, el de inglés, el de francés, los apuntes de cada curso que había hecho.
Su secretaria no sabía qué estaba sucediendo. Le sirvió como todas las mañanas su café y le preguntó si necesitaba ayuda. Le alcanzó La Nación, le adelantó que Adolfo Bioy Casares había fallecido y conversaron unos minutos sobre su obra. Ella no esperaba que él reflexionara en voz alta sobre la finitud con tanta naturalidad. Sí, terminaría en unos días el verano y sobrevendría el otoño, concluiría en unos meses el año y para algunos comenzaría un siglo nuevo, un nuevo milenio... Verónica había sido su colaboradora inmediata durante más de catorce años y era el filtro más eficiente, creíble y cordial al que el director de una Empresa como Mc. Intyre S.A pudiera aspirar y, fue la única persona de la que se despidió.
Ordenó que le bajasen las cajas y él mismo las colocó en el baúl de su automóvil, salió del estacionamiento, y se aflojó el nudo de la corbata. Ese mismo día cumplía 50 años. Por el simple hecho de haber nacido bajo el signo de piscis lo habían rotulado como influenciable, de humor inconstante, confuso, desorganizado y extremadamente sensible. Resultaba casi opuesto a su mujer, detallista, organizada y racional, previsible.
Lo asediaba una sensación de hastío, quizá por la rutina, la falta de afinidad, el tiempo. Su hijo mayor hacía dos años se había ido a Londres, ya no volvería y su hija menor casada el año anterior, residía con su marido en Los Ángeles. Sólo habían quedado Florencia y él. Intentaron una terapia de pareja que discontinuaron. Es que no tenían ganas del otro y, si le quedaban tal vez veinte o treinta años más de vida, no perseveraría con quien no tenía ganas . Que ella dependiera económicamente de él no sería un problema, era la madre de sus hijos y en otros tiempos la había querido, aunque ahora, sencillamente, la respetaba. Por cómo era ella, ecuánime, aceptaría la situación y nada objetaría, no abriría un diálogo, no preguntaría. Solían salir a cenar los fines de semana y transcurría la rutina de algún encuentro con amigos, proyectando un círculo vicioso carente de entusiasmo. Canceló la cita que tenía para el jueves con el Dr. Reinners después de cuatro años ininterrumpidos de terapia una vez por semana. Persistía en el hábito de ingresar en alguna librería de la calle Santa Fe y casi siempre compraba alguna novela que comenzaba a leer ese mismo día. Llegaba a su casa y saludaba a Florencia, intercambiaban unas palabras, permanecía en la biblioteca y  Florencia no lo interrumpía hasta la hora de la cena, entonces dialogaban de las novedades de sus hijos, o si era necesario pintar o cambiar las cortinas, o con quién se reunirían el sábado. No lograba precisar cuándo ni porqué habían empezado a alejarse tanto. Florencia miraba alguna película y antes de medianoche ya se había dormido. Sólo la música, sus libros y los recuerdos lo acompañaban. Por esos mecanismos extraños de la mente surgieron dudas a borbotones de cómo hubiera sido...

No habría recordado a “El ensueño” ni los días que había pasado durante su adolescencia y temprana juventud cuando sí podía disfrutar con asombro el hechizo de la vida y creía que empezaba a descubrir un mundo nuevo.
No habría percibido entre neblinas el murmullo efervescente de los campos, ni la arboleda añosa, ni las hamacas, ni el jardín, ni a Elena y su pollera tableada, ni su flequillo indócil, ni a Elena y sus manos impecables acariciando el dálmata que Don Norberto le había regalado, ni a Elena y sus reproches porque él debía retornar a la ciudad y no podía asegurar si regresaría o no en las vacaciones de invierno. No habría recordado que en aquel junio conoció a Florencia... ni que jamás regresó a Elena, ni contestó sus llamados, ni contestó sus cartas.
Cincuenta años y vacilaba ¿qué rumbo tomar? Sí, percibía que estaba atado a una forma de vida, ¿la había elegido? Siempre le habían aterrado los cambios, también lo estremecía el persistir en una continuidad sin sentido.
Ingresó por la cochera y la casa parece más grande que nunca. Jamás llegaba durante la semana cuando Florencia no estaba, a la hora del almuerzo. Un paquete bellamente envuelto y una hermosa tarjeta sugiriendo una cena, lo esperaban sobre su cama. No pudo ocultar la palidez de su incertidumbre cuando Florencia llegó.
-No sabía que vendrías a esta hora, Guillermo. Feliz cumpleaños...
El abrazo y el beso de ella lo hicieron vacilar.
-¿Te gustó el regalo?
-Si, me encantó. Muchísimas gracias Flor. Tu gusto siempre ha sido exquisito, decime, ¿dónde es esa cena romántica que me sugerís en la tarjeta?
-Realmente, ¿te importa donde sea...? Además, no es una cena romántica.
-Disculpame, entonces, entendí mal, ¿dónde es digamos, esa cena no romántica?
-Aquí mismo, en esta casa, mirándonos frente a frente, después de tantos años, no? ¿Qué te parece la idea?
-Cenamos casi todas las noches aquí, me parece bien.
-Guillermo, me refiero a lo de mirándonos frente a frente.
-Como quieras, no veo que haya otra forma de mirarse.


Si alguna vez se habían amado ya no se amaban. Recién en ese momento atinó a preguntarse qué le pasaba a su mujer, qué sentía, qué anhelaba, en qué ocupaba sus horas, si lo volvería a elegir, si intentaría retenerlo, qué haría él si le dijera que anhelaba comenzar de nuevo, que lo amaba, que lo deseaba, y, cómo reaccionaría si ella le planteara el divorcio, si le dijese que tenía un amante, si le dijese que no lo amaba, si le dijese que sólo lo había amado un tiempo, si le dijese que jamás lo había amado, que todo había sido un error sostenido en el tiempo. Y percibió que aún sabiendo cómo se comportaba ella, no la conocía. Nunca creyó que uno es simplemente lo que hace,  ni siquiera lo que dice, ni lo que hace y lo que dice. Quizá, casi se convencía que tal vez lo esencial radicara en lo que se evita decir y no se dice, en la intensidad de una mirada, en lo que se deja de hacer, en lo que se imagina, en la espontaneidad de una caricia, en lo que se crea y en cómo se crea, en lo que se resigna y por lo que se pelea, en lo que misteriosamente se percibe, en el ímpetu implícito de querer ser, en cómo se calla el dolor de lo que ya no es, en lo que se anhela en silencios compartidos o a solas, en lo que se extraña, en los sueños.
Habían transcurrido años y cada vez que Guillermo ingresaba en el galpón y observaba el cuadro con aquel recorte de diario finamente enmarcado, continuaba conmoviéndose...

Tolhuin: Continúa la investigación. Se habló de fatalidad en la Avenida de los Shelknam, se habló de la escasa visibilidad, de la velocidad y de otros tantos temas, aspectos que a esta altura ya no importan, ya que de todas maneras ha quedado en el camino la vida de una mujer que iniciaría un emprendimiento en los aledaños de la ciudad, en esta Tierra del Fuego, donde concluye el mundo.

Duda y se angustia a veces, percibe el susurro lejano, la inquieta profundidad azul, el fluir de las gotas de lluvia humedeciendo esas tierras y los rayos de luz pintando un monte de cenizas.
El humo de hojas quemándose dibuja una diversidad de fantásticas figuras volando al compás del otoño anticipando la perspicacia gris del invierno. Deambula insondable la apatía de la brisa tibia y acontece mansa en los sembradíos la dureza blanca de la escarcha efímera.

Fin

Adela Inés Alonso

EL PERÍMETRO

La tibieza de las sábanas se burla de Mayo y el timbre del despertador estimula el bostezo que emerge en un aaaaau más redondo y más grande que la circunferencia de su boca abierta. El café y las tostadas, la monotonía del noticiero de la radio, la ducha, el jabón, el champú, y la toalla que no alcanza, marcan ese comienzo del lunes de Tina. El talco se desparrama, la ropa, el espejo, las pocas ganas de hablar, el flequillo indócil, el pronóstico del tiempo, los murmullos en la cocina no cesan, la leche, y ese “apúrense que es tarde” chillón y maternal, el cabello enredado, el espejo, y la misma reflexión callada que va y viene en la cabeza de Tina “¿por qué aunque sea un día no se callan?...”
Llego en 10 minutos... y ojalá llueva para ver las gotas y cómo me gustaría ser lluvia…
La bicicleta , el manubrio, los pedales, los rayos, el asiento, el guardapolvo, las tablitas, el cinturón, el moño, la llovizna, la distancia, los pies, los zapatos, el examen de historia, la profesora, la bolilla cuatro, Napoleón, la historia según el libro de Ibáñez, ¿cómo será según otro? la vereda, el cordón, la calle, la esquina, el club deportivo, la biblioteca, la casa de él, el boulevard, las flores del palo borracho, los jacarandás tan ellos, el rocío, la escarcha, las nubes, el arco iris, la humedad, el kiosco del padre de Juana, los chocolates, los caramelos, la esquina y la curva, las bocinas, los autos, los parabrisas, los truenos, el viento, las hojas de los árboles, el olor a otoño, las gotas, los anteojos, la bincha, el pelo que juega, y el pedaleo continuo, la esquina, y el taller del padre de Elisa, las tuercas, la grasa, el olor a pintura, el soplete, el desorden, la estación de servicio, la nafta, el gasoil, las camionetas salpicadas de barro, los camiones de hacienda, el auto del farmacéutico, el hospital, la ambulancia, la iglesia , los curas, las sotanas, la cruz, el colegio de monjas, las otras chicas, los uniformes grises y las camisas blancas y la corbata verde... la otra esquina, el pedal y la cadena, la hora, el examen de historia, el timbre , la bicicleta, la bandera, el portaequipaje, los libros, las carpetas, la cartuchera, el guarda bicicletas, los pasos apresurados, las corridas, los murmullos, las risas, los gritos, la escuela, “bandera de la Patria, celeste y blanca, símbolo de la unión y de la fuerza con que nuestros padres nos dieron independencia y libertad; guía de la victoria en la guerra, y del trabajo y la cultura en la paz; vínculo sagrado e indisoluble entre las generaciones pasadas, presentes y futuras…” la fila, la preceptora, el aula, la profesora, el silencio, la hoja, historia, la fecha, los libros, el tema, las preguntas, las respuestas, las dudas, las respuestas, los truenos, el tiempo, los minutos, el miedo, la entrega, la seriedad, el escritorio del aula, la libreta de calificaciones, la pila de hojas sobre el costado izquierdo, el timbre , el recreo, los grupos , matemática, el timbre, el profesor, su traje, la camisa impecable, la corbata azul, su sonrisa amplia, su mirada café con determinación. “ Saquen una hoja, evaluaré despeje de x para continuar con factoreo…” La incertidumbre, miradas, “tema 1, tema 2, tema 3, tema 4”, los ejercicios, el lápiz, la goma, los cálculos, más por menos, menos por más, menos por menos, más por más, paréntesis, corchetes llaves... el fin del ejercicio diez , la hora, el timbre, el recreo, las sonrisas, el resultado del ejercicio diez a todos nos da distinto, educación democrática, el timbre, la profesora, su imagen, la ropa perfecta, los zapatos más lustrados de la escuela, su mirada celeste, el collar de perlas, su voz cálida inquisitiva, el silencio, la libreta de calificaciones, la toma de asistencia, la mirada a cada uno confirmando nuestra presencia... Albarracín, Amial, Aristizábal, Bruni, Castelli, Cullen, Dalmás, De Mare, Frers, Guerrero, Hamilton, Imaz, López, Martínez, Mur, Olguín, Páez, Pizzano, Sanz, Torres, Vélez, Zalmein, todos presentes, como sus gestos, sus pasos, la reiteración de su voz... “el hombre es un ser racional, por lo tanto tiene la capacidad de entenderse a sí mismo y comprender al mundo que lo rodea...”
¿Y si no es así? No le creo nada de lo que dice, pero hoy no se lo digo. La ficha, los ojalillos, las flechas, el rojo, el azul, el verde, los cuadros sinópticos, las llaves, la conclusión, las letras, las palabras, las frases, la verdad revelada, ¿o será sólo una suposición tan bien redactada simulando verdad? el timbre, la salida, “alta en el cielo, un águila guerrera, audaz se eleva en vuelo triunfal, azul un ala del color del cielo, azul un ala del color del mar...” la brisa, el sol, la hora, las nubes corriendo hacia el sur, el guarda bicicletas, la bicicleta, el portaequipaje, el pedaleo, los cordones desprendidos, el manubrio, la cadena, la premura, la carrera, el record de tiempo de regreso, el asfalto, el club deportivo, la curva, faltan ciento cincuenta metros, el almuerzo, la mesa, papá, mamá, Betta estará ahí con sus colitas y esa corbata verde y ridícula, Bobby y su delantal de cuadritos, el pan fresco, Auki ladrando, y Mimosa llamando a la cría, la bicicleta, la rueda que da vueltas y vueltas, ¿será como la vida? y ¿para qué habré nacido? ¿Y cómo será no nacer? ¿Será lo mismo que morir? No, ha de ser distinto. ¿Por qué los grandes cierran la puerta cuando hablan? Por qué ese “hace falta un pueblo para educar a un niño” en boca de la directora, y por qué no me dio la respuesta a mi pregunta “¿y qué hace falta para educar a un adulto?” quizá alguna vez pueda contestármelo yo… ¿Por qué me amonestó? Y en casa le darán la razón a ella. Los rayos cruzados, la llanta de goma y los límites, el inflador y el impulso, el pedaleo y las ganas de llegar, el freno... los otros.


FIN

Adela Inés Alonso